Silvia Ribeiro*
El
día en que muera el sol
(tomado del
diario de La Journada, 20 de diciembre 2003, presentado aqui con el
permiso de la autora)
A
principios de diciembre 2004 se realizó en la ciudad de México el segundo
foro "En defensa del maíz". Participaron comunidades y organizaciones
campesinas e indígenas de todos los puntos cardinales del país y organizaciones
de la sociedad civil nacionales e internacionales. Cada uno traía sus
granos de maíz, de sabiduría, de conocimiento. Y su preocupación, sus
interrogantes, sus angustias, que se fueron resolviendo en el tejido
colectivo. El maíz, origen de la vida y la cultura, esencia de la carne
de los pueblos que a su vez lo crearon y lo cultivaron, está contaminado
con transgénicos.
Lo sabíamos todos, lo sabe el gobierno,
lo sabe el mundo. Según Camila Montecinos, de la organización GRAIN
en Chile, fue un crimen intencional. ¿O acaso los "científicos" que
crearon los transgénicos para las multinacionales no sabían que el maíz
se cruza abiertamente con otras plantas, que insectos y vientos transportan
el polen cubriendo distancias cada vez mayores? La estrategia está más evidenciada
que nunca: crear situaciones de hecho, contaminando nuestros alimentos
desde nuestros campos y esperar que cuando los daños se aprecien claramente
sean demasiado imponentes, demasiado generalizados para revertirlos
o encontrar a los responsables. Al contrario, las mismas empresas, otra
vez con ayuda de los gobiernos, inician una nueva fase de ataque, ahora
el campo legal.
En Canadá, donde se comprobó que la canola transgénica
ha contaminado la mayor parte de los cultivos de canola -que se cruza
y se difunde aún más que el maíz y con una gran variedad de cultivos
emparentados-, se advierte a los agricultores que no usen sus propias
semillas ni las guarden para la próxima cosecha, porque las empresas
los pueden procesar por "abuso" de sus genes patentados.
En México, centro de origen del maíz
y muchos otros cultivos, la situación es mucho más grave, ya que los
elementos en juego son exponencialmente mayores en cantidad y complejidad
(presencia de muchísimas más variedades de cultivos y de parientes silvestres
o asilvestrados, de muchas más especies silvestres de fauna y flora
en ecosistemas y agrosistemas). El maíz es el logro agronómico más importante
de la historia de la humanidad: de un simple "pasto" los pueblos campesinos
indígenas crearon un cultivo de enorme versatilidad para ecosistemas
diferentes y para multiplicidad de usos. No se reproduce en forma silvestre,
es un cultivo ligado para siempre a sus creadores, a los que según las
historias, también creó, en un camino de cuidados recíprocos.
El maíz en México es tanto más que
un cultivo o un alimento, es elemento central de la cultura culinaria
rural y urbana, es corazón de la historia y el presente de los pueblos
de México, de su economía, de sus religiones e ilusiones. Los ciclos
y usos del maíz dan forma a la fiesta y a la estética, crean muebles
y utensilios específicos, moldean la arquitectura. En los pueblos indígenas
y campesinos es base de la identidad y de la autonomía. Contrastando fuertemente con la relevancia
de esta riqueza milenaria colectiva y haciendo caso omiso de ella, el
gobierno mexicano no ha monitoreado la extensión de la contaminación
transgénica, no ha parado las fuentes de la misma (y además las ha promovido
mediante las importaciones de maíz) y, para colmo, pretende levantar
la moratoria oficial que existe contra la siembra de maíz transgénico.
En la misma tónica, unos pocos "científicos" que pasean su ignorancia
a nombre de la Academia Mexicana de Ciencias cabildean activamente en
el Congreso de la Unión para que la Cámara de Diputados consolide el
acto de enorme irresponsabilidad que una vez más cometió la Cámara de
Senadores al aprobar una iniciativa de ley de bioseguridad que legalizará,
favorecerá y aumentará la contaminación transgénica.
El segundo foro En defensa del maíz
denunció y reprobó enérgicamente todas estas acciones. Y tomó cuidadosa
nota: la contaminación y quienes la favorecen fueron considerados responsables
de crímenes contra la humanidad, contra la historia y el presente de
los pueblos del maíz. Al igual que hace un año en el encuentro En defensa
de la medicina tradicional, y recuperando esta experiencia, la palabra
de las comunidades resonó claramente: no piden favores, declaran una
moratoria unilateral a la siembra e introducción de maíz transgénico.
Así como tuvieron que hacer sus propios
muestreos para informar al pueblo de México sobre la contaminación,
también decidieron establecer redes de monitoreo, alerta y cuidado del
maíz, en las que se convoca a todos, en la ciudad y en el campo.
Se trata de la defensa integral de
los pueblos del maíz. Aldo González, zapoteco de la Sierra Juárez de
Oaxaca, resumió: "...somos herederos de una gran riqueza que no se mide
en dinero y de la que hoy quieren despojarnos: no es tiempo de pedir
limosnas al agresor. Cada uno de los indígenas y campesinos sabemos
de la contaminación por transgénicos de nuestros maíces y decimos con
orgullo: siembro y sembraré las semillas que nuestros abuelos nos heredaron
y cuidaré que mis hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos las sigan
cultivando. (...) No permitiré que maten el maíz, nuestro maíz morirá
el día en que muera el sol".
* Investigadora del Grupo ETC
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